miércoles, 15 de octubre de 2008

Y si seguimos pensando en Ana...

Ana seguía haciendo su vida como si no pasara nada. Conseguía autoconvencerse, anular lo que sentía y acallar esa estúpida voz interior que le decía que las cosas no iban bien. Ella tenía una gran capacidad para ignorarse a sí misma; de hecho, esto le evitaba mucho sufrimiento ya que, al fingir normalidad, llegaba incluso a creérselo.
Nadie se daba cuenta de que el pozo en el que Ana se iba introduciendo cada día un poco más iba volviéndose muy profundo, tanto que Ana podía llegar a ahogarse en cualquier momento.
Todas las noches, cuando estaba en la cama, en la soledad de su cuarto, pensaba... Pensaba y los pensamientos desagradables pugnaban por salir a la luz: "Deberías dejar salir tus sentimientos", "no es tan horrible sufrir por alguien o algo", "sácalo a la luz", "habla con la gente"... Pero empeñándose y empeñándose metía para adentro todas esas ideas. No pensaba dejarse llevar por un sentimiento, y menos un sentimiento de soledad, tristeza o desamparo; ella estaba muy por encima de esas estupideces, no necesitaba nada, a nadie, no necesitaba sentir. Sentir era para los débiles y el mundo, ya sabemos, no está hecho para cobardes.

4 comentarios:

Pruna dijo...

Devolviendo visita ;) con calma me iré leyendo tu blog que por lo que veo es un bebé, no?

Besos!!!

X dijo...

Anoche leí las dos partes, no dejé ningún comentario porque siempre encuentro una frase que apunta en sentido contrario a lo que se me ocurre que le pueda suceder a Ana, pero no creo que sea una enfermedad ni una adicción, no sé. Tal vez en el próximo capítulo. :P

AiLeoN dijo...

Me adelanté. Mejor espero, y luego comento.

Que tengas un buen día,
Un beso

Pandora dijo...

Gracias, chicos, por leerme. Seguiremos teniendo noticias de Ana aunque no sé si dentro de poco o se hará de rogar un poco más.
Besos para todos.