lunes, 22 de diciembre de 2008

De pronto se nos va...

Parece que diciembre tiene hambre.
Sin que nos demos cuenta ha ido devorando uno a uno (o quizá de dos en dos, ¿quién sabe?) todos estos días que parecen no haber existido.
De pronto, hoy es día 22 y al mirar atrás, me doy cuenta de que no tengo estos días en mi memoria, ¿hacia dónde han ido?
Lo que podría haber arreglado diciembre no lo ha arreglado y ha dejado que el año siguiera su amargo curso sin dar si quiera una tregua... Nadie espera tampoco milagros en un mes como este... ¿o sí?

sábado, 13 de diciembre de 2008

Un 13 de diciembre...

Un día como este -viernes en lugar de sábado-, hace algunos años, se produjo un encuentro que cambió mi vida de un día para otro.
Dieciseis o diecisiete años, una edad difícil, dudas, dificultades, inseguridades, complejos... Todo se sumaba para convertir a aquella chica en una persona tímida que prefería pasar desapercibida. Ante el empeño de sus compañeras de clase, fue por primera vez a una cafetería ella sola con amigas (hasta entonces, por azares de la vida, no se había producido tal situación). Había un grupo muy grande, heterogéneo, y ella las conocía a todas. Sin embargo, con tres de ellas, esa simple amistad de compañeras de clase, se convirtió en algo muy especial. Algo tan especial que ocasionó algunos de los mejores momentos de su vida y algunos de los peores; vivió nuevas experiencias, conoció a gente nueva, disfrutó y sufrió su primer amor con toda la pasión que permiten los diecisiete...
Hoy lo recuerda... con cariño, con nostalgia, quizá también con cierto alivio... Poco queda de todo aquello, las cosas han cambiado bastante... La propia protagonista no es ya la misma... mejor, peor... diferente. No obstante, no todo ha desaparecido o cambiado y es que, como siempre digo, hay cosas que nunca cambian.

Posdata: un beso muy fuerte desde aquí (tú sabes quién eres)... y que esas cosas sigan sin cambiar...

lunes, 8 de diciembre de 2008

Dormir para olvidar...

La mayor parte del tiempo se sintió fuera de lugar, como cuando asistes a una reunión de antiguos compañeros de colegio donde todos han seguido en contacto excepto tú, o cuando llegas nuevo a trabajar a un lugar donde todos ya se conocen de antes... ¿Cómo habría podido llegar a esto?
El alcohol y la tristeza le nublaban de vez en cuando la vista... Hacía mucho tiempo que no se sentía tan sola rodeada de gente... ¿sería ese su destino? Quizá era un tipo de persona hecha para estar y vivir sola, hacerse viejecita y tener a su cuidado a más de veinte gatos salvajes... ¿Quién sabe?
El viaje de vuelta lo pasó observando el paisaje que corría rápido en la ventanilla por la que miraba... Del mismo modo que árboles, edificios y parques pasaban rápidamente a su lado, los recuerdos de no hace tanto la acechaban... igual que el paisaje, cuando se quería dar cuenta, todo se había desvanecido...
Llovía a mares cuando por fin llegó a casa; le hubiera gustado quedarse de manera indefinida bajo la lluvia, hasta que esta consiguiera borrarla del todo. La imposibilidad de este deseo la hizo reaccionar y entró en su casa.
El único consuelo que le quedó fue el largo y reparador sueño en el que se sumergió el resto de la noche y todo el día siguiente gracias al puñado de somníferos tragados con un ron de buena calidad.

lunes, 1 de diciembre de 2008

¿Ya ha llegado diciembre?

Ha llegado diciembre. Menuda novedad, pensaréis, como si no lo supiéramos. Ya, ya..., sé que todo el mundo lo sabe pero es que me ha cogido tan de sorpresa que aún estoy asimilándolo. No sé, pero pensaba que este año estaba tardando más en llegar el invierno, la Navidad... pero no, casi no ha dado tiempo de decir en la piscina eso de "y en cuanto te descuides están aquí las fiestas".
Además, hace mucho frío, pero mucho, mucho. Esta mañana observaba el hermoso paisaje que se ve a través de mi ventana (un párking de coches, jeje) y han empezado a caer copos de nieve. Ha sido una cosa muy puntual que rápidamente se ha esfumado pero temblaba sólo de pensar en salir a la calle.
Aún así, he salido. Creo que diciembre se merece al menos que le dé la bienvenida desde fuera, pasando frío y contemplando como las calles y las tiendas se atiborran de productos navideños.
Espero que tengáis todos un buen mes.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Sobreviviendo al domingo

Llevo varios días con ganas de escribir... Mis dedos se movían inquietos, mi corazón se aceleraba al observar el teclado o mi cuaderno especial... Sin embargo, me he reprimido bastante. ¿Por qué? Mi idea era escribir una entrada ficticia y no ponerme a disertar sobre lo primero que me pasara por la cabeza sin orden ni concierto, pero finalmente, no he podido evitarlo y aquí estoy, escribiendo un poco al tuntún.
Además, hoy es domingo. Los domingos no son particularmente mis mejores días. Desde siempre he pensado que los domingos están cargados de melancolía, son tan tristes y largas esas tardes... Auguran un comienzo, sí, pero un comienzo que te introducirá de nuevo en la rutina tan aburrida y previsible de siempre; y que te arranca sin contemplaciones de tu propio espacio de distracción que cuidadosamente has construido durante el fin de semana. Tampoco es que anhele con especial intensidad que llegue el fin de semana pero aún así, incluso aunque el fin de semana no haya alcanzado las expectativas previstas, los domingos son tan tristes...
Y más este domingo. Este domingo tiene un ambiente más lúgubre de lo habitual. Las últimas semanas se han convertido en un descenso vertiginoso y con tanta velocidad no puedo menos que despeinarme, claro.
Bueno, queridos lectores, ahí queda esto. Por lo menos he actualizado.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Parece que estamos en otoño

El verano pasado fue uno de los más felices de los últimos años. Viajó, conoció gente, descansó, disfrutó de cosas que no había probado nunca, probó cosas de las que ya había disfrutado… Si se para a recordar, le vienen a la memoria aromas, sensaciones, emociones, muchas pequeñas cosas contribuyeron a que este último verano fuera un verano divertido, muy agradable, que parecía muy corto y que dejaba con ganas de más.
Sin embargo, el verano acabó, con él el calor, los granizados, las pipas, el sol cegando de frente, la ilusión, las risas… El viento fresco del otoño se lo llevó todo junto a las hojitas que los árboles dejaban caer tristemente. El otoño llegó e hizo desaparecer las sonrisas, el sol, los planes de última hora, la esperanza en las cosas buenas que da la vida… y muchas otras cosas que aún no se hacen tan presentes.
El otoño está aquí, es un hecho más que consumado. Hoy es 17 de noviembre y la estación ha plantado sus raíces y se ha quedado con nosotros. La nostalgia que siempre embarga los otoños es peor este año, no se trata solo de la nostalgia común que aparece todos los septiembres y nos acompaña en este cambio de estaciones; es una nostalgia más triste, más poderosa, casi, casi podríamos llamarla tristeza.
Si el otoño dura mucho más, quizá el invierno acabe por sepultar todos aquellos bonitos pensamientos que en verano rondaban por nuestras cabecitas.
Tampoco pasa nada grave, al fin y al cabo solo se trata de un cambio de estación… ¿o no?

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Un paseo por Madrid

Uno de los rasgos de mi carácter que a veces llega a enfadarme es mi obsesión por la puntualidad; casi se convierte en algo enfermizo. No solo cuando he quedado con alguien llego diez minutos antes, también cuando tengo cita en el médico o en cualquier otro lugar… Me enfada porque siempre tengo que esperar y no solo los diez minutos que llego antes, también los que se retrasan los demás. No me gusta llegar tan pronto, a veces me siento un poco estúpida, ahí esperando… Sin embargo, he de decir que sé entretenerme bastante bien y que soy capaz de estar sentada más de media hora en un banco sin hacer nada, simplemente observando a la gente. Y es que otra de mis peculiaridades es que soy muy, muy curiosa; me encanta mirar a las personas, imaginarme dónde van, quiénes son, qué tienen que hacer, si están contentos…
Esta pequeña introducción venía a que quería comentar mi paseo de ayer y para ello consideraba necesarias ciertas explicaciones.
Ayer tenía cosas que hacer en Madrid (capital) y me desplacé allí utilizando el transporte público. Como siempre, llegaba con más de media hora de antelación. Por eso estuve paseando tranquilamente, observando a la gente, mirando escaparates, pensando, dejando volar mi imaginación… Paseé por calles por las que nunca había estado, intentando guardar en mi memoria todos mis detalles. Vi a muchas personas que, por una cosa o por otra, lograron captar momentáneamente mi atención: abuelos paseando a sus nietos, madres que recogían a sus hijos del colegio, amas de casa con bolsas de la compra, vendedores callejeros, ejecutivos uniformados con su maletín a cuestas, parejitas de ancianos que paseaban apaciblemente, mujeres muy arregladas, maquilladas y peinadas como si fueran a una boda; vi discutir a una pareja joven, él le reprochaba a ella su falta de confianza y ella lo negaba; vi a una madre jugando con su hija a no pisar las rayas del suelo; vi a una adolescente hiperactiva chillar a su madre sin contemplaciones…

lunes, 3 de noviembre de 2008

Un dolor tan profundo

Se mordía los labios nerviosamente. Su mirada se perdía observando sin ver lo que la rodeaba. Las lágrimas no descendían por sus mejillas. Suavemente reprimidas, se quedaban en su interior. ¿Por qué llorar? ¿Para qué llorar? ¿Cambiaría algo las cosas? Su cabeza bulle, las ideas van y vienen, no la dejan sola. Se siente sola. Está SOLA.
Lo único que conseguía calmar su malestar era el dolor, dolor físico, exterior; este la distraía de la negrura de su mundo interior. Pasar hambre, miedo, frío, cualquier cosa con tal de no sentir esa profunda desazón, esa soledad... No es fácil soportar ese sentimiento minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día... Es sencillo dejarse llevar por la desesperación y dejar que todo siga su curso pero es una idea cobarde, por eso lo mejor es sufrir un dolor más real; eso la despierta y hace que se dé cuenta de que, desgraciadamente, sigue viva.

martes, 28 de octubre de 2008

Belén se marcha

Belén estaba muy enferma. Había luchado con mucha fuerza para ganar la batalla pero cada vez perdía más terreno y el final se acercaba pausada pero constantemente. Sin embargo, los ojos de Belén seguían transmitiendo alegría, tenían una luz especial que hacía que los que la miraban no la compadecieran sino que la admiraran. Era sorprendente la fortaleza de esta mujer.
Es duro entender que uno va a morirse en poco tiempo, que te quedan meses, semanas, tal vez solo días... Es duro ser consciente de que dejas muchas cosas, de que hay personas que te necesitarían más tiempo, que sin ti se sienten desamparadas pero tú no puedes hacer nada... Es muy duro saber que vas a cerrar los ojos para dormir unos minutos y que quizá ya no despiertes.
¿Qué se sentirá cuando se tiene la muerte tan cerca? ¿Miedo? ¿Curiosidad? ¿Pánico?
Los ojos de Belén miran, observan, se detienen en las caras que van a visitarla. Belén pregunta, se interesa, quiere saber qué tal está fulanito, qué hace menganito... Nadie sabe qué pasa por su cabeza pero ella irradia una luz especial. Sus ojos curiosos sonríen, como quitándole importancia a lo que ocurre, como si no fuera a pasar nada y después de la estancia cada vez más larga en el hospital, Belén fuera a marcharse a su casa y a seguir con su vida de antes. Sabemos que no es así, el final se acerca y no puede hacerse nada. Sin embargo, ella sonríe, hace bromas, no ha perdido las ganas de vivir.
Fue duro mirar a los ojos a una persona así, tan valiente, tan sonriente... Dentro de mí la idea de que la muerte estaba cerca no se iba y la miraba, y no podía creérmelo... Quizá lo más duro de ver a Belén, de mirarla, escucharla y observarla no fue que ella pareciera enferma, que estuviera estropeada, triste o desesperada... Lo peor de ver a Belén fue que mientras ella era transmitía tanta luz y ganas de vivir todo fuera falso y el tiempo corre en su contra acercando cada vez el inevitable final.

domingo, 26 de octubre de 2008

Ventanas abiertas

Ya es noche cerrada. Te asomas por la ventana, todo está oscuro. Las cosas parecen distintas cuando no las baña el sol con su luz. Miras hacia afuera y dejas vagar tu mente... Abres un poco la ventana y permites que entre el aire... ¿Por qué es tan triste? ¿Por qué te invade la melancolía? Los demás duermen, respiraciones acompasadas, algún ladrido lejano, un solitario coche se oye pasar... Y tú mirando por la ventana...

lunes, 20 de octubre de 2008

El día en el que Raquel comenzó a tirar la toalla...

Observé mis ojos en el espejo. Hermosos, decían. Brillantes por las lágrimas que difícilmente podía reprimir en ese momento… El agua que se acumulaba en ellos les daba cierto brillo especial, pero en el fondo se apreciaba una honda pena…
Sola. Me sentía terriblemente sola. Rodeada de gente, permanentemente aislada. Autocompadeciéndome de mi soledad… ¡qué triste algo así! Pero no podía evitar mirar esos ojos asustados en el espejo y compartir el dolor que allí veía, compartir el miedo que se reflejaba, compartir esa desesperación…
Por unos momentos olvidaba que la imagen que observaba en el espejo era la mía propia. Lo olvidaba porque era más fácil enfrentarse a ello ignorando que todo ese sufrimiento lo experimentaba yo misma.
¡Cómo me hubiera gustado tomar entre mis brazos a esa niña asustada y consolarla! ¡Cómo deseaba protegerla, cuidarla, evitar cualquier sufrimiento! Y sin embargo, todo se complicaba cada vez más; poco a poco se iba alejando, sola, naufragando en un mar de confusiones, inseguridades y conflictos interiores… Y se iba… Y yo lo veía… E intentaba asir con fuerza su mano… Y se me escaba… Y ya no podía hacer nada…

jueves, 16 de octubre de 2008

Va de sueños

Soy una persona que sueña mucho, pero un montón. Hay noches que puedo tener varios sueños porque además tengo el sueño ligero y me despierto a menudo; cada vez que vuelvo a dormirme, sueño algo diferente.
Esta noche pasada más que un sueño, tuve una pesadilla en realidad. Lo pasé bastante mal y además lo que ocurría no era precisamente agradable.
Yo viajaba a otro país muy extraño, con unos paisajes futuristas y personas muy raras y me alojaba en una casa que resulta que se correspondía con la que fue mi casa anterior a la que vivo ahora. Cuando yo llegaba allí (aunque no sé cómo lo hacía) estaba pensando en los preparativos de una fiesta a la que tenía que asistir -todos mis conocidos y yo- y que era muy importante. Tenía muchas ganas de arreglarme, pintarme, ponerme guapa e irme a la fiesta. Empezaba a llover y a hacer mucho frío y yo, que hasta ese momento quería ponerme un vestido muy bonito, empezaba a plantearme un cambio de look que me hiciera pasar menos frío. Revolvía entre mis supuestas cosas en un armario aunque ni esas eran mis cosas ni el armario corresponde con ninguno que conozca. Me probaba aún así el vestido para corroborar que, en efecto, con el tendría frío y, sin quitármelo, decidía maquillarme y peinarme antes de cambiarme de ropa.
A todo esto, resulta que, en todo momento mi amiga S había estado todo el rato en el salón y yo le pedía consejos a voces sobre pinturas y combinaciones de colores.
Entraba en el baño, me miraba en el espejo y en un trozo de mi flequillo tenía algo blanco; al intentar quitármelo, descubría que varios mechones de pelo se me habían caído y que en el lugar donde siempre se encuentra mi raya había una calva del tamaño de una pelota de tenis. Horrorizada, al principio pensaba que se trataba de un reflejo o una mala colocación de mi pelo por lo que procedía a colocármelo. Cuando intentaba cambiar la raya de lugar, cada vez que me tocaba el pelo, la calva iba haciéndose más grande y el lugar donde antes había pelo se enrojecía e irritaba.
Llorando, muy nerviosa, llamé a mi amiga. Vino rápidamente, me quitó la caja de las pinturas y pese a mi insistencia me dijo muy enfadada que no podía ir a la fiesta, que entre el frío que hacía y lo que me había salido en la cabeza probablemente no podría salir ya de allí. Yo le preguntaba que si por lo menos podría volver a mi casa pero ella insistía enfadadísima en que no, que si es que era tonta o no la entendía, que tenía que quedarme en esa casa para siempre, escondida ya que nadie podía verme así.
Desesperada, yo lloraba desconsoladamente. Además de lo que me había ocurrido, sentía que mi amiga estaba siendo muy cruel y me hacía sentir fatal...

Entonces... Me desperté... Uf, qué alivio al ver que mi pelo seguía en su sitio.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Y si seguimos pensando en Ana...

Ana seguía haciendo su vida como si no pasara nada. Conseguía autoconvencerse, anular lo que sentía y acallar esa estúpida voz interior que le decía que las cosas no iban bien. Ella tenía una gran capacidad para ignorarse a sí misma; de hecho, esto le evitaba mucho sufrimiento ya que, al fingir normalidad, llegaba incluso a creérselo.
Nadie se daba cuenta de que el pozo en el que Ana se iba introduciendo cada día un poco más iba volviéndose muy profundo, tanto que Ana podía llegar a ahogarse en cualquier momento.
Todas las noches, cuando estaba en la cama, en la soledad de su cuarto, pensaba... Pensaba y los pensamientos desagradables pugnaban por salir a la luz: "Deberías dejar salir tus sentimientos", "no es tan horrible sufrir por alguien o algo", "sácalo a la luz", "habla con la gente"... Pero empeñándose y empeñándose metía para adentro todas esas ideas. No pensaba dejarse llevar por un sentimiento, y menos un sentimiento de soledad, tristeza o desamparo; ella estaba muy por encima de esas estupideces, no necesitaba nada, a nadie, no necesitaba sentir. Sentir era para los débiles y el mundo, ya sabemos, no está hecho para cobardes.

martes, 14 de octubre de 2008

Pensando en Ana...

Ana daba vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño.
Intentaba aparentar todo tipo de pensamientos negativos de su cabeza, pero no lo conseguía.
Nunca había soportado la autocompasión - ella era demasiado dura para sentir algo así -, pero esta vez no lograba escapar de cierta sensación que le provocaba pena por ella misma. Julia le había explicado una y mil veces que en algunas ocasiones es necesario que uno se compadezca de sí mismo porque lo que le ocurre es triste y no está mal sentir esa autocompasión. Sin embargo, Ana no concebía cierto tipo de sentimientos.
Sentía tanta rabia por dejarse llevar por esto que, de haber sido capaz, se hubiera golpeado a sí misma con rabia, asco y frustración, mucha frustración.
Hace unos meses, las cosas eran diferentes. Estaba ilusionada, hasta las cosas más pequeñitas conseguían que se apasionara con cualquier cosa y que pusiera todo su empeño en hacer lo que fuera necesario. Estuvo un tiempo muy contenta,un brillo de esperanza se reflejaba en sus ojos y aunque esa horrible voz interior no dejaba de susurrarle "No te fíes...", ella procuraba ignorarla y vivir plenamente esos bellos
momentos. A pesar de todo, Ana aparenta normalidad. Ha tomado una decisión y piensa llevarla a cabo hasta las últimas consecuencias. Es la mejor manera de evitar su propio sufrimiento. Quizá pierda bastante en el camino, pero la tranquilidad que todo esto le aportará compensa para ella cualquier pérdida futura.



Ana es una chica muy joven. A pesar de ello, sufre a menudo por su hipersensibilidad. No le gusta ser así pero tampoco puede evitarlo.
¿Cuál crees que es la decisión que ha tomado? ¿Qué piensas que ha podido ocurrirle?

jueves, 9 de octubre de 2008

"Me da la sensación de que estás triste"

A veces es difícil no caer y quedarse allí... Es difícil levantar la cabeza, sonreír y seguir hacia delante.
No se puede obligar a la gente a quererte, a respetarte, a echarte de menos, a admirarte, a agradecerte las cosas buenas que haces... No se puede; y es duro entregarse y no recibir nada a cambio. Cuando abres tu interior, lo muestras, incluso lo regalas y todo lo que encuentras es indiferencia, cuesta mucho sonreír...
Sin embargo, así es la vida... Duele y en la mayoría de los casos no encuentras recompensa a tus actos. Es triste pero es la realidad. Quizá no se trata tanto de la vida y es más cuestión de cada persona. Quizá lo que sucede es que hay gente que no se merece recompensas y que, aunque intente hacer las cosas lo mejor posible, se equivoca y no tiene porqué esperar nada a cambio. Quizá el error sea ese: esperar algo...

martes, 7 de octubre de 2008

¡Me han dado un premio!






A todas nos encantan los blogs, donde en la mayoría de ellos sus objetivos son
mostrar las maravillas y hacer amistades; hay personas que no se interesan
cuando les damos un premio y de esta manera contribuyen a cortar esos lazos;
¿queremos que se corten o que se propaguen? ¡Entonces tratemos de prestar más
atención a ellos! Así que este premio debemos entregarlo a 8 bloggeras que a su
vez deben hacer lo mismo y poner este texto.

Ante todo, mil gracias a Istar, por haberme dado este premio. Ni siquiera se me había ocurrido que pudieran darme un premio por hacer algo con lo que disfruto tanto: escribir.
Este blog supone una ventana para mí y hacia mí. Para mí porque a través de él puedo comunicar lo que pienso, siento o simplemente lo que me apetece a los demás; y hacia mí porque permitirá a los que lo lean acercarse un pelín a mi persona.
Ahora tengo que nominar yo a 8 bloggeras, difícil dado lo alto que está el listón, pero lo intentaré. Ahí va, mis nominadas son Pily, Aileon, Aunque, Isa, Belén, Carmen, Cruela y Laura.
Saludos para todos.

domingo, 5 de octubre de 2008

¿Armarse de valor o ponerse la armadura?

Confiarse es uno de los peores errores que comete el ser humano. No confiar, sino confiarse. Cuando uno baja la guardia es habitual que caiga en todo aquello que cuidadosamente pretendía evitar... Sin embargo, errar es humano y no podemos evitarlo pero quizá sufriríamos menos y seríamos una pizca más felices si no nos confiáramos tan a menudo.
No digo que haya que ser completamente insensible y mantenerse por encima de todo pero es cierto que la diferencia entre que una piedra reciba una patada y que la reciba un animal es bastante destacada: la piedra no sufre... el animal sí...
Se me podría rebatir todo esto que estoy diciendo utilizando un montón de tópicos y lugares comunes: quien no arriesga, no gana; las cosas buenas compensan; solo por experimentar algunas sensaciones merece la pena sufrir... Pues sí, se me podrían decir todas estas cosas pero argumentaría que aunque todo esto sea cierto, cuando las heridas se hacen unas encima de otras, estas no acaban de cicatrizar, vuelven a abrirse y el dolor es cada vez no más intenso sino más profundo, más interior... Por eso, en ocasiones es mejor recubrirse bien antes de salir a batallar y ponerse la armadura de acero, para quitarla siempre hay tiempo pero si ya te han herido, las marcas permanecen a veces siempre.

martes, 30 de septiembre de 2008

Viaje a las profundidades

Ayer cogí el metro.
Bueno, más bien podríamos decir que ayer viajé en metro; y digo viajé porque la sensación que experimenté estando tanto tiempo en el mismo asiento y sin ver la luz del sol se me hizo tan intensa que me pareció que había hecho un viaje en toda regla.
No me gusta el metro. Por circunstancias de la vida me muevo más en otro tipo de transporte y apenas uso este (a Dios gracias) pero cada vez que lo hago, lo paso fatal, tanto, que prefiero hacer un trayecto mucho más largo a fin de evitar este amargo trago. No sé, me parece algo siniestro transportarse a través de las entrañas de la tierra de un lado a otro y dejar que luego las bocas de metro te vomiten lejos del punto de partida... Creo que es bastante peculiar si te paras a reflexionar. El tren es diferente, más amable, más alegre... En general, puedes observar el paisaje y no te sientes atrapado en los inframundos más profundos, de vez en cuando un tímido rayito de sol aparece e ilumina algún asiento y, quieras que no, eso da bastante tranquilidad.
Seguiré intentando evitar este maligno transporte en la medida de lo posible y si en alguna ocasión tengo que caer en sus garras de nuevo, procuraré pensar que, pese a todo, "Metro de Madrid vuela".

lunes, 22 de septiembre de 2008

Protegida entre las sábanas

El sonido de la lluvia golpeando fuertemente en la calle me ha despertado... Me he quedado unos segundos desorientada y luego he descubierto el origen de ese golpetear... Me he acurrucado entre las sábanas mientras innumerables relámpagos iluminaban la habitación... Una tormenta de verano. Digo de verano sabiendo que ya el verano empieza a esfumarse pero es que era una tormenta de verano, con el fuerte sonido de la lluvia sobre la acera, los truenos retumbando estruendosamente, la iluminación cegadora de los relámpagos... Yo he seguido entre las sábanas, muy quietecita, escuchando todo esto y disfrutándolo con calma. ¡Qué sensación! Parece que todo se rompe, estalla y se viene abajo fuera mientras tú te sientes completamente protegido bajo una simple sábana... Ojalá pudiéramos sentir siempre así...

jueves, 18 de septiembre de 2008

Septiembre

Pasan los días, las semanas, los meses... Todo vuelve y se repite incansablemente... Tantos lunes, tantos eneros... Y siempre vuelve septiembre...
Llega septiembre con su abrigo de lluvias, en el pelo algunas hojas ya marchitas; porta en su mochila un cuaderno de esperanzas, de ilusiones, de novedades... Y siempre vuelve la nostalgia... Nostalgia de todo, de lo pasado, de lo que aún no ha llegado, de lo que sin duda vendrá... De todas aquellas cosas que no quisimos que pasaran y de algunas otras que en las noches oscuras acompañan nuestra soledad.
¿Qué tiene septiembre que nos deja el aroma del café recién hecho y las tostadas calentitas de por la mañana? Aquellos estuches nuevos, las mochilas por estrenar, los nuevos profesores, nuevas caras...
Siempre que llega septiembre, me invade la nostalgia. Es como si acabara algo y empezara otra cosa nueva... Eso, indudablemente tiene cierto matiz triste: los finales son tristes, los comienzos esperanzadores; el choque de ambos sentimientos produce esta dulce nostalgia...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Soledad

Hace algunos años, cuando era pequeña, me gustaba quedarme un rato despierta en la cama imaginando... Imaginaba que en las frías y oscuras madrugadas salía a pasear por las calles, sola, sin más compañía que mi propia sombra... Nada podía ocurrirme y yo caminaba y caminaba por calles desiertas, paseaba por parques vacíos, iba de un lugar a otro sin encontrarme con nadie. No sé pero me producía una gran satisfacción imaginarme esto, me gustaba esa sensación y ese sentirme parte del mundo dentro de la soledad que me rodeaba...
Ahora ya no imagino esas cosas, la soledad ya no la busco como una manera de disfrutar, ahora hay veces en las que necesito esa soledad pero como una huida, una huida de un mundo que no siempre entiendo y en el que no siempre me encuentro cómoda. A lo largo de estos años he paseado sola muchas veces (a menudo no de forma literal), he disfrutado de este sentimiento y he sufrido con él...
A menudo me pregunto, ¿huimos buscando soledad o abrazamos esa soledad para que alguien nos encuentre?

martes, 16 de septiembre de 2008

Recuerdos

Dando vueltas en la cama, intentando escapar del insomnio, anoche empecé a pensar y recordé...
Recordé cosas de cuando era pequeña, recordé sensaciones que producían las tonterías más pequeñas, recordé ilusiones que tenía y recordé un mundo diferente donde lo verdaderamente importante distaba mucho de lo que ahora considero vital en mi vida.
Qué ilusión me hacía cuando me tomaba un helado y me tocaba otro igual... Me lo comía rápidamente, incluso aunque no me apeteciera...
Uno de los grandes momentos del día era cuando saltabas a la comba hasta acabar rendida y esa tarde no te había tocado ponerte ni una sola vez.
Las mayores preocupaciones que te llevabas a la cama eran las de saber si tu madre te dejaría ver la tele media hora más.
La peor faena que podía ocurrirte era que una de tus amigas dejara de ajuntarte... Afortunadamente en el siguiente recreo el drama se solucionaba.
Sentí una nostalgia absurda al acordarme de todas estas cosas (¿cualquier tiempo pasado nos parece mejor?) y es que no puedo dejar de afirmar que tuve una infancia bastante feliz.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Bienvenidos a mi mundo

Acabo de llegar, despacito, de puntillas, sin hacer mucho ruido... Hace tiempo que observo en la oscuridad, celosa de la libertad que ofrecen los blogs, deseando formar parte de esto, soñar, inventar, imaginar, crear... Escribir, eso que me gusta tanto...
Por fin me he decidido, voy a aportar mi pequeño granito de arena a este mundo virtual, sin saber muy bien qué pasará ahora, si seré capaz de hacerlo bien, si la gente me leerá, si interesará lo que tengo que decir... Tampoco sé exactamente qué voy a decir, qué voy a escribir, si esto se convertirá en una especie de diario disparatado, un cúmulo de relatos que no tengan nada que ver unos con otros, si simplemente escribiré lo que me apetezca en cada momento... No lo sé pero lo que sí tengo claro es que ilusión y ganas, no me faltan.

¡Hasta pronto!