Una vez abierta la caja de Pandora, salieron a la luz las desgracias humanas más terribles... ¿Podemos afirmar que la esperanza sigue aún dentro?
martes, 29 de junio de 2010
Parece que he vuelto
Sigo aquí, sí, aún tengo que dar mucha guerra...
Ha pasado tanto tiempo, tantas cosas...
Quizá aún tenga fuerzas para continuar con esto, quizá no, pero la caja de Pandora nunca se cerró del todo, solo estuvo apagada un tiempo.
Veo mucha gente conocida por estos lares... Desde aquí, desde mi caja, un abrazo para todos ellos, para mí, siempre habéis seguido ahí.
Posdata: Aileon, me he acordado tanto de ti... no puedo entrar en tu espacio... ¿me invitas?
jueves, 29 de enero de 2009
Esas dos pequeñas...
Paradojas de la vida: a veces no nos damos cuenta de que lo verdaderamente importante está más cerca de lo que creemos.
lunes, 26 de enero de 2009
Sigo aquí...
He estado muy ocupada pero, sobre todo, me han faltado las ganas de escribir. Sin embargo, sé que es una etapa y que en cuanto se me encienda la bombillita y mis dedos empiecen a escribir en el aire, volveré a publicar más a menudo.
Sigo por aquí, no os olvidéis de mí.
Un saludo
lunes, 12 de enero de 2009
Todo pasa...
Todo ha contribuido a conducirme a este estado en el que ahora me encuentro; bloggeando por estos mundos, he encontrado una frase de García Márquez que me ha dado qué pensar. La frase es esta "Solo porque alguien no te ame como quieras, no significa que no te ame con todo su ser". Supongo que debe ser cierto pero, ¿sirve esto de consuelo cuando te sientes solo, desprotegido, abandonado...?
Pensaba que esta tristeza que supero de vez en cuando ya no volvería, pensaba que había conseguido olvidarme de lo que ya ha pasado, pensaba que era más fuerte, que podía hacer como que no pasa nada... Me he dado cuenta de que no es así y por eso estoy aquí, sintiéndome tan desamparada como hace unos meses... Todo pasa...
sábado, 10 de enero de 2009
Todo quedó tan blanco...
Yo seguía dentro, observando cómo los niños y los no tan niños no se cansaban de jugar con la nieve, de perseguirse y tirarse bolas unos a otros, de caerse y levantarse sin borrar la sonrisa... Muchos padres no habían tenido que ir a trabajar, algunos niños no habían podido ir al colegio; el ambiente era distinto al de cualquier día normal, la gente sonreía con más facilidad... Fue un bonito día.
sábado, 3 de enero de 2009
Recuperándonos de los excesos
Junto con el año, he dicho adiós a muchas cosas, a muchas personas, demasiados adioses para mí, una persona hipersensible, que se encariña con todo fácilmente y que sufre lo indecible con los cambios...
Esta entrada estaba escrita en un tono mucho más triste, más derrotista, más pesimista... Al final no la he publicado así pero es como me siento...
Pese a todo, sí deseo un año muy feliz a todos vosotros, no ya feliz sino alegre, con cosas buenas, con personas estupendas... Deseo que lo paséis muy bien, que disfrutéis de las pequeñas cosas (y de las grandes también, claro), que tengáis más motivos para reír que para llorar, que deséis que el año no acabe nunca... Mis mejores deseos para todos.
lunes, 22 de diciembre de 2008
De pronto se nos va...
Sin que nos demos cuenta ha ido devorando uno a uno (o quizá de dos en dos, ¿quién sabe?) todos estos días que parecen no haber existido.
De pronto, hoy es día 22 y al mirar atrás, me doy cuenta de que no tengo estos días en mi memoria, ¿hacia dónde han ido?
Lo que podría haber arreglado diciembre no lo ha arreglado y ha dejado que el año siguiera su amargo curso sin dar si quiera una tregua... Nadie espera tampoco milagros en un mes como este... ¿o sí?
sábado, 13 de diciembre de 2008
Un 13 de diciembre...
Dieciseis o diecisiete años, una edad difícil, dudas, dificultades, inseguridades, complejos... Todo se sumaba para convertir a aquella chica en una persona tímida que prefería pasar desapercibida. Ante el empeño de sus compañeras de clase, fue por primera vez a una cafetería ella sola con amigas (hasta entonces, por azares de la vida, no se había producido tal situación). Había un grupo muy grande, heterogéneo, y ella las conocía a todas. Sin embargo, con tres de ellas, esa simple amistad de compañeras de clase, se convirtió en algo muy especial. Algo tan especial que ocasionó algunos de los mejores momentos de su vida y algunos de los peores; vivió nuevas experiencias, conoció a gente nueva, disfrutó y sufrió su primer amor con toda la pasión que permiten los diecisiete...
Hoy lo recuerda... con cariño, con nostalgia, quizá también con cierto alivio... Poco queda de todo aquello, las cosas han cambiado bastante... La propia protagonista no es ya la misma... mejor, peor... diferente. No obstante, no todo ha desaparecido o cambiado y es que, como siempre digo, hay cosas que nunca cambian.
Posdata: un beso muy fuerte desde aquí (tú sabes quién eres)... y que esas cosas sigan sin cambiar...
lunes, 8 de diciembre de 2008
Dormir para olvidar...
El alcohol y la tristeza le nublaban de vez en cuando la vista... Hacía mucho tiempo que no se sentía tan sola rodeada de gente... ¿sería ese su destino? Quizá era un tipo de persona hecha para estar y vivir sola, hacerse viejecita y tener a su cuidado a más de veinte gatos salvajes... ¿Quién sabe?
El viaje de vuelta lo pasó observando el paisaje que corría rápido en la ventanilla por la que miraba... Del mismo modo que árboles, edificios y parques pasaban rápidamente a su lado, los recuerdos de no hace tanto la acechaban... igual que el paisaje, cuando se quería dar cuenta, todo se había desvanecido...
Llovía a mares cuando por fin llegó a casa; le hubiera gustado quedarse de manera indefinida bajo la lluvia, hasta que esta consiguiera borrarla del todo. La imposibilidad de este deseo la hizo reaccionar y entró en su casa.
El único consuelo que le quedó fue el largo y reparador sueño en el que se sumergió el resto de la noche y todo el día siguiente gracias al puñado de somníferos tragados con un ron de buena calidad.
lunes, 1 de diciembre de 2008
¿Ya ha llegado diciembre?
Además, hace mucho frío, pero mucho, mucho. Esta mañana observaba el hermoso paisaje que se ve a través de mi ventana (un párking de coches, jeje) y han empezado a caer copos de nieve. Ha sido una cosa muy puntual que rápidamente se ha esfumado pero temblaba sólo de pensar en salir a la calle.
Aún así, he salido. Creo que diciembre se merece al menos que le dé la bienvenida desde fuera, pasando frío y contemplando como las calles y las tiendas se atiborran de productos navideños.
Espero que tengáis todos un buen mes.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Sobreviviendo al domingo
Además, hoy es domingo. Los domingos no son particularmente mis mejores días. Desde siempre he pensado que los domingos están cargados de melancolía, son tan tristes y largas esas tardes... Auguran un comienzo, sí, pero un comienzo que te introducirá de nuevo en la rutina tan aburrida y previsible de siempre; y que te arranca sin contemplaciones de tu propio espacio de distracción que cuidadosamente has construido durante el fin de semana. Tampoco es que anhele con especial intensidad que llegue el fin de semana pero aún así, incluso aunque el fin de semana no haya alcanzado las expectativas previstas, los domingos son tan tristes...
Y más este domingo. Este domingo tiene un ambiente más lúgubre de lo habitual. Las últimas semanas se han convertido en un descenso vertiginoso y con tanta velocidad no puedo menos que despeinarme, claro.
Bueno, queridos lectores, ahí queda esto. Por lo menos he actualizado.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Parece que estamos en otoño
Sin embargo, el verano acabó, con él el calor, los granizados, las pipas, el sol cegando de frente, la ilusión, las risas… El viento fresco del otoño se lo llevó todo junto a las hojitas que los árboles dejaban caer tristemente. El otoño llegó e hizo desaparecer las sonrisas, el sol, los planes de última hora, la esperanza en las cosas buenas que da la vida… y muchas otras cosas que aún no se hacen tan presentes.
El otoño está aquí, es un hecho más que consumado. Hoy es 17 de noviembre y la estación ha plantado sus raíces y se ha quedado con nosotros. La nostalgia que siempre embarga los otoños es peor este año, no se trata solo de la nostalgia común que aparece todos los septiembres y nos acompaña en este cambio de estaciones; es una nostalgia más triste, más poderosa, casi, casi podríamos llamarla tristeza.
Si el otoño dura mucho más, quizá el invierno acabe por sepultar todos aquellos bonitos pensamientos que en verano rondaban por nuestras cabecitas.
Tampoco pasa nada grave, al fin y al cabo solo se trata de un cambio de estación… ¿o no?
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Un paseo por Madrid
Uno de los rasgos de mi carácter que a veces llega a enfadarme es mi obsesión por la puntualidad; casi se convierte en algo enfermizo. No solo cuando he quedado con alguien llego diez minutos antes, también cuando tengo cita en el médico o en cualquier otro lugar… Me enfada porque siempre tengo que esperar y no solo los diez minutos que llego antes, también los que se retrasan los demás. No me gusta llegar tan pronto, a veces me siento un poco estúpida, ahí esperando… Sin embargo, he de decir que sé entretenerme bastante bien y que soy capaz de estar sentada más de media hora en un banco sin hacer nada, simplemente observando a la gente. Y es que otra de mis peculiaridades es que soy muy, muy curiosa; me encanta mirar a las personas, imaginarme dónde van, quiénes son, qué tienen que hacer, si están contentos…
Esta pequeña introducción venía a que quería comentar mi paseo de ayer y para ello consideraba necesarias ciertas explicaciones.
Ayer tenía cosas que hacer en Madrid (capital) y me desplacé allí utilizando el transporte público. Como siempre, llegaba con más de media hora de antelación. Por eso estuve paseando tranquilamente, observando a la gente, mirando escaparates, pensando, dejando volar mi imaginación… Paseé por calles por las que nunca había estado, intentando guardar en mi memoria todos mis detalles. Vi a muchas personas que, por una cosa o por otra, lograron captar momentáneamente mi atención: abuelos paseando a sus nietos, madres que recogían a sus hijos del colegio, amas de casa con bolsas de la compra, vendedores callejeros, ejecutivos uniformados con su maletín a cuestas, parejitas de ancianos que paseaban apaciblemente, mujeres muy arregladas, maquilladas y peinadas como si fueran a una boda; vi discutir a una pareja joven, él le reprochaba a ella su falta de confianza y ella lo negaba; vi a una madre jugando con su hija a no pisar las rayas del suelo; vi a una adolescente hiperactiva chillar a su madre sin contemplaciones…
lunes, 3 de noviembre de 2008
Un dolor tan profundo
Lo único que conseguía calmar su malestar era el dolor, dolor físico, exterior; este la distraía de la negrura de su mundo interior. Pasar hambre, miedo, frío, cualquier cosa con tal de no sentir esa profunda desazón, esa soledad... No es fácil soportar ese sentimiento minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día... Es sencillo dejarse llevar por la desesperación y dejar que todo siga su curso pero es una idea cobarde, por eso lo mejor es sufrir un dolor más real; eso la despierta y hace que se dé cuenta de que, desgraciadamente, sigue viva.
martes, 28 de octubre de 2008
Belén se marcha
Es duro entender que uno va a morirse en poco tiempo, que te quedan meses, semanas, tal vez solo días... Es duro ser consciente de que dejas muchas cosas, de que hay personas que te necesitarían más tiempo, que sin ti se sienten desamparadas pero tú no puedes hacer nada... Es muy duro saber que vas a cerrar los ojos para dormir unos minutos y que quizá ya no despiertes.
¿Qué se sentirá cuando se tiene la muerte tan cerca? ¿Miedo? ¿Curiosidad? ¿Pánico?
Los ojos de Belén miran, observan, se detienen en las caras que van a visitarla. Belén pregunta, se interesa, quiere saber qué tal está fulanito, qué hace menganito... Nadie sabe qué pasa por su cabeza pero ella irradia una luz especial. Sus ojos curiosos sonríen, como quitándole importancia a lo que ocurre, como si no fuera a pasar nada y después de la estancia cada vez más larga en el hospital, Belén fuera a marcharse a su casa y a seguir con su vida de antes. Sabemos que no es así, el final se acerca y no puede hacerse nada. Sin embargo, ella sonríe, hace bromas, no ha perdido las ganas de vivir.
Fue duro mirar a los ojos a una persona así, tan valiente, tan sonriente... Dentro de mí la idea de que la muerte estaba cerca no se iba y la miraba, y no podía creérmelo... Quizá lo más duro de ver a Belén, de mirarla, escucharla y observarla no fue que ella pareciera enferma, que estuviera estropeada, triste o desesperada... Lo peor de ver a Belén fue que mientras ella era transmitía tanta luz y ganas de vivir todo fuera falso y el tiempo corre en su contra acercando cada vez el inevitable final.
domingo, 26 de octubre de 2008
Ventanas abiertas
lunes, 20 de octubre de 2008
El día en el que Raquel comenzó a tirar la toalla...
Sola. Me sentía terriblemente sola. Rodeada de gente, permanentemente aislada. Autocompadeciéndome de mi soledad… ¡qué triste algo así! Pero no podía evitar mirar esos ojos asustados en el espejo y compartir el dolor que allí veía, compartir el miedo que se reflejaba, compartir esa desesperación…
Por unos momentos olvidaba que la imagen que observaba en el espejo era la mía propia. Lo olvidaba porque era más fácil enfrentarse a ello ignorando que todo ese sufrimiento lo experimentaba yo misma.
¡Cómo me hubiera gustado tomar entre mis brazos a esa niña asustada y consolarla! ¡Cómo deseaba protegerla, cuidarla, evitar cualquier sufrimiento! Y sin embargo, todo se complicaba cada vez más; poco a poco se iba alejando, sola, naufragando en un mar de confusiones, inseguridades y conflictos interiores… Y se iba… Y yo lo veía… E intentaba asir con fuerza su mano… Y se me escaba… Y ya no podía hacer nada…
jueves, 16 de octubre de 2008
Va de sueños
Esta noche pasada más que un sueño, tuve una pesadilla en realidad. Lo pasé bastante mal y además lo que ocurría no era precisamente agradable.
Yo viajaba a otro país muy extraño, con unos paisajes futuristas y personas muy raras y me alojaba en una casa que resulta que se correspondía con la que fue mi casa anterior a la que vivo ahora. Cuando yo llegaba allí (aunque no sé cómo lo hacía) estaba pensando en los preparativos de una fiesta a la que tenía que asistir -todos mis conocidos y yo- y que era muy importante. Tenía muchas ganas de arreglarme, pintarme, ponerme guapa e irme a la fiesta. Empezaba a llover y a hacer mucho frío y yo, que hasta ese momento quería ponerme un vestido muy bonito, empezaba a plantearme un cambio de look que me hiciera pasar menos frío. Revolvía entre mis supuestas cosas en un armario aunque ni esas eran mis cosas ni el armario corresponde con ninguno que conozca. Me probaba aún así el vestido para corroborar que, en efecto, con el tendría frío y, sin quitármelo, decidía maquillarme y peinarme antes de cambiarme de ropa.
A todo esto, resulta que, en todo momento mi amiga S había estado todo el rato en el salón y yo le pedía consejos a voces sobre pinturas y combinaciones de colores.
Entraba en el baño, me miraba en el espejo y en un trozo de mi flequillo tenía algo blanco; al intentar quitármelo, descubría que varios mechones de pelo se me habían caído y que en el lugar donde siempre se encuentra mi raya había una calva del tamaño de una pelota de tenis. Horrorizada, al principio pensaba que se trataba de un reflejo o una mala colocación de mi pelo por lo que procedía a colocármelo. Cuando intentaba cambiar la raya de lugar, cada vez que me tocaba el pelo, la calva iba haciéndose más grande y el lugar donde antes había pelo se enrojecía e irritaba.
Llorando, muy nerviosa, llamé a mi amiga. Vino rápidamente, me quitó la caja de las pinturas y pese a mi insistencia me dijo muy enfadada que no podía ir a la fiesta, que entre el frío que hacía y lo que me había salido en la cabeza probablemente no podría salir ya de allí. Yo le preguntaba que si por lo menos podría volver a mi casa pero ella insistía enfadadísima en que no, que si es que era tonta o no la entendía, que tenía que quedarme en esa casa para siempre, escondida ya que nadie podía verme así.
Desesperada, yo lloraba desconsoladamente. Además de lo que me había ocurrido, sentía que mi amiga estaba siendo muy cruel y me hacía sentir fatal...
Entonces... Me desperté... Uf, qué alivio al ver que mi pelo seguía en su sitio.
miércoles, 15 de octubre de 2008
Y si seguimos pensando en Ana...
Nadie se daba cuenta de que el pozo en el que Ana se iba introduciendo cada día un poco más iba volviéndose muy profundo, tanto que Ana podía llegar a ahogarse en cualquier momento.
Todas las noches, cuando estaba en la cama, en la soledad de su cuarto, pensaba... Pensaba y los pensamientos desagradables pugnaban por salir a la luz: "Deberías dejar salir tus sentimientos", "no es tan horrible sufrir por alguien o algo", "sácalo a la luz", "habla con la gente"... Pero empeñándose y empeñándose metía para adentro todas esas ideas. No pensaba dejarse llevar por un sentimiento, y menos un sentimiento de soledad, tristeza o desamparo; ella estaba muy por encima de esas estupideces, no necesitaba nada, a nadie, no necesitaba sentir. Sentir era para los débiles y el mundo, ya sabemos, no está hecho para cobardes.
martes, 14 de octubre de 2008
Pensando en Ana...
Intentaba aparentar todo tipo de pensamientos negativos de su cabeza, pero no lo conseguía.
Nunca había soportado la autocompasión - ella era demasiado dura para sentir algo así -, pero esta vez no lograba escapar de cierta sensación que le provocaba pena por ella misma. Julia le había explicado una y mil veces que en algunas ocasiones es necesario que uno se compadezca de sí mismo porque lo que le ocurre es triste y no está mal sentir esa autocompasión. Sin embargo, Ana no concebía cierto tipo de sentimientos.
Sentía tanta rabia por dejarse llevar por esto que, de haber sido capaz, se hubiera golpeado a sí misma con rabia, asco y frustración, mucha frustración.
Hace unos meses, las cosas eran diferentes. Estaba ilusionada, hasta las cosas más pequeñitas conseguían que se apasionara con cualquier cosa y que pusiera todo su empeño en hacer lo que fuera necesario. Estuvo un tiempo muy contenta,un brillo de esperanza se reflejaba en sus ojos y aunque esa horrible voz interior no dejaba de susurrarle "No te fíes...", ella procuraba ignorarla y vivir plenamente esos bellos
momentos. A pesar de todo, Ana aparenta normalidad. Ha tomado una decisión y piensa llevarla a cabo hasta las últimas consecuencias. Es la mejor manera de evitar su propio sufrimiento. Quizá pierda bastante en el camino, pero la tranquilidad que todo esto le aportará compensa para ella cualquier pérdida futura.
Ana es una chica muy joven. A pesar de ello, sufre a menudo por su hipersensibilidad. No le gusta ser así pero tampoco puede evitarlo.
¿Cuál crees que es la decisión que ha tomado? ¿Qué piensas que ha podido ocurrirle?